1911-2011 / Centenario del Día Internacional de la Mujer

Hoy, 8 de marzo de 2011, es el Día Internacional de la Mujer. También hoy se cumplen 100 años desde la primera celebración de un día dedicado a la reivindicación de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, ese primer día de 1911 del que hoy se conmemora el primer centenario. Hace cien años, un millón de hombres y mujeres tomaban parte en los mítines y encuentros promovidos por varios países, entre ellos algunos europeos como Alemania, Suiza, Austria y Dinamarca. Un millón de hombres y mujeres reclamaban el derecho al voto de las mujeres, la viabilidad para el desempeño de cargos públicos por parte de las mismas y la no discriminación en el trabajo a causa del sexo.

Ha llovido mucho desde entonces. Muchas cosas han cambiado para bien. Algunas, sin embargo, siguen siendo objeto de denuncia.

Ahora, en 2011, los objetivos del Día Internacional de la Mujer apuntan a la igualdad de acceso a la educación y a la capacitación en ciencia y tecnología. Aspectos, estos y otros muchos, recogidos en el recién creado organismo ONU MUJERES

En este video subtitulado en español se recoge el ideario básico de UN WOMEN (ONU Mujeres) : “Lo que significa para mí ONU Mujeres”.

A continuación, querríamos compartir con vosotros un video muy especial, con unas historias realmente apasionantes. Isabel Allende nos deleita a todos con una charla llena de inteligencia, humor y crítica social contra los abusos de poder, y nos proporciona un resumen de ideas y de maravilloso lenguaje, como corresponde a la magnífica escritora que es. Allende habla de escritura, de mujeres, de pasión y de feminismo. Nos cuenta aquí historias de mujeres cuya dignidad y coraje les ha permitido sobrevivir en un mundo que funciona en su contra. No sobra ni un segundo de esta charla. Los 17 minutos que dura son un inestimable tesoro de ideas y conciencia social al que tenemos el privilegio de poder acceder.

Como la mayoría de los videos de TED (Ideas Worth Spreading/Ideas que merece la pena difundir), éste también puedes seguirlo subtitulado en el idioma que prefieras, incluso en español por si quieres aprovechar para practicar con la traduccción simultánea.

http://www.ted.com/talks/lang/eng/isabel_allende_tells_tales_of_passion.html

Finalmente, tenemos delante de nuestros ojos un poema sincero, lleno de fuerza, de los que te tocan lo más profundo. Es un poema de una escritora ecuatoriana que se llama Jenny Londoño, escritora nacida en Guayaquil, Ecuador, en 1952.  Es socióloga e historiadora. Ha publicado:

– Desafiando al Olvido, poemario, Ed. PPL, Quito, nov. 2003.

– Los últimos Destellos del Crepúsculo, Cuentos, Ed. Letramía, Quito 2004.

– Entre la Sumisión y la Resistencia. Las mujeres en la Real Audiencia, Ed. Abya-Yala, Quito, 1997.

Ha participado en numerosas antologías junto a otras autoras y es coautora de varios libros, que puedes consultar en

http://literatura.wikia.com/wiki/Jenny_Londoño

El poema se llama Reencarnaciones y recibió el premio Gabriela Mistral, en Chile, en 1992. Es un hermoso alegato en pro de los derechos de la mujer a través de un recorrido por su historia de injusticias y sometimiento.

Este es el poema.

Reencarnaciones

Jenny Londoño

Vengo desde el ayer

desde el pasado oscuro y olvidado

con las manos atadas por el tiempo

con la boca sellada desde épocas remotas.

Vengo cargada de dolores antiguos,

recogidos por siglos, arrastrando

cadenas largas e indestructibles.

Vengo desde la oscuridad,

del pozo del olvido

con el silencio a cuestas,

con el miedo ancestral

que ha corroído mi alma

desde el principio de los tiempos.

Vengo de ser esclava por milenios,

esclava de maneras diferentes:

sometida al deseo de mi raptor en Persia,

esclavizada en Grecia bajo el poder romano,

convertida en vestal en las tierras de Egipto,

ofrecida a los dioses en ritos milenarios

vendida en el desierto

o canjeada como una mercancía.

Vengo de ser apedreada por adúltera

en las calles de Jerusalén

por una turba de hipócritas,

pecadores de todas las especies

que clamaban al cielo mi castigo.

He sido mutilada en muchos pueblos

para privar mi cuerpo de placeres

y convertida en animal de carga,

trabajadora y paridora de la especie.

Me han violado sin límite

en todos los rincones del planeta

sin que cuente mi edad madura o tierna

o importe mi color o mi estatura.

Debí servir ayer a los señores,

prestarme a sus deseos,

entregarme, donarme, destruirme,

olvidarme de ser una entre miles.

He sido barragana de un señor en Castilla,

esposa de un marqués

y concubina de un comerciante griego,

prostituta en Bombay y en Filipinas

y siempre ha sido igual mi tratamiento.

De unos y de otros siempre esclava,

de unos y de otros dependiente,

menor de edad en todos los asuntos,

invisible en la historia más lejana

y olvidada en la historia más reciente.

Yo no tuve la luz del alfabeto.

Durante largos siglos

aboné con mis lágrimas

la tierra que debí cultivar

desde mi infancia.

He recorrido el mundo

en millares de vidas

que me han sido entregadas

una a una.

Y he conocido

a todos los hombres del planeta.

Los grandes y pequeños,

los bravos y cobardes,

los viles, los honestos,

los buenos, los terribles.

Mas casi todos llevan

la marca de los tiempos.

Unos manejan vidas

como amos y señores,

asfixian, aprisionan y aniquilan.

Otros dejan almas

comercian con ideas,

asustan o seducen,

manipulan y oprimen.

Yo los conozco a todos,

estuve cerca de unos y de otros,

sirviendo cada día,

recogiendo migajas,

bajando la cerviz a cada paso,

cumpliendo con mi karma.

He recorrido todos los caminos

he arañado paredes y ensayado silencios

tratando de cumplir con el mandato

de ser como ellos quieren,

mas no lo he conseguido.

Jamás se permitió que yo escogiera

el rumbo de mi vida.

He caminado siempre en una disyuntiva,

ser santa o prostituta.

He conocido el odio de los inquisidores

que a nombre de la santa madre iglesia

condenaron mi cuerpo a su servicio

y a las infames llamas de la hoguera.

Me han llamado de múltiples maneras:

bruja, loca, adivina, pervertida,

aliada de Satán,

esclava de la carne,

seductora, ninfómana,

culpable de los males de la tierra.

Pero seguí viviendo, arando,

cosechando, cosiendo,

construyendo, cocinando, tejiendo,

curando, protegiendo, pariendo,

criando, amamantando, cuidando

y sobre todo amando.

He poblado la tierra de amos y de esclavos,

de ricos y mendigos,

de genios y de idiotas,

pero todos tuvieron el calor de mi vientre,

mi sangre y su alimento

y se llevaron un poco de mi vida.

Logré sobrevivir a la conquista

brutal y despiadada de Castilla

en las tierras de América

pero perdí mis dioses y mi tierra

y mi vientre parió gente mestiza

después que el amo

me tomó por la fuerza.

Y en este continente mancillado

proseguí mi existencia

cargada de dolores cotidianos,

negra y esclava en medio de la hacienda

me vi obligada a recibir al amo

cuantas veces quisiera

sin poder expresar ninguna queja.

Después fui costurera,

campesina,
sirvienta,
labradora,

madre de muchos hijos miserables,

vendedora ambulante, curandera,

cuidadora de niños o de ancianos,

artesana de manos prodigiosas, tejedora,
bordadora,

obrera,
maestra,

secretaria,
enfermera.

Siempre sirviendo a todos,

convertida en abeja o sementera

cumpliendo las tareas más ingratas

moldeada como cántaro por las manos ajenas.

Y un día me dolí de mis angustias

un día me cansé de mis trajines,

abandoné el desierto y el océano,

bajé de la montaña,

atravesé las selvas y confines

y convertí mi voz dulce y tranquila,

en bocina del viento

en grito universal y enloquecido.

Y convoqué a la viuda, a la casada,

a la mujer del pueblo, a la soltera,

a la madre angustiada, a la fea,

a la recién parida, a la violada,

a la triste, a la callada, a la hermosa,

a la pobre, a la afligida, a la ignorante,

a la fiel, a la engañada, a la prostituida.

Vinieron miles de mujeres juntas

a escuchar mis arengas,

se habló de los dolores milenarios,

de las largas cadenas

que los siglos nos cargaron a cuestas.

Y formamos con todas nuestras quejas

un caudaloso río

que empezó a recorrer el universo

ahogando la injusticia y el olvido.

El mundo se quedó paralizado

los hombres y mujeres no caminaron

se pararon las máquinas, los tornos,

los grandes edificios y las fábricas

ministerios y hoteles, talleres y oficinas,

hospitales y tiendas, hogares y cocinas.

Las mujeres, por fin, lo descubrimos.

¡Somos tan poderosas como ellos

y somos muchas más sobre la tierra!

¡Más que el silencio y más que el sufrimiento!

¡Más que la infamia y más que la miseria!

Que este canto resuene

en las lejanas tierras de Indochina

en las arenas cálidas del África,

en Alaska y América Latina,

llamando a la igualdad entre los géneros

a construir un mundo solidario

–distinto, horizontal, sin poderíos-

a conjugar ternura, paz y vida,

a beber de la ciencia sin distingos.

A derrotar el odio y los prejuicios,

el poder de unos pocos,

las mezquinas fronteras,

a amasar con las manos de ambos sexos

el pan de la existencia.


El mismo poema con otras imágenes, y por lo tanto, con otra historia.

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