Quería, querría, quisiera (7)

 

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Hay que decir que el uso del condicional para establecer un diálogo confortable, es adecuado en las situaciones que hemos estado revisando en los capítulos anteriores sobre este modo verbal, o en otras similares.

Pero si volvemos al ejemplo de comprar una barra de pan en la panadería (ejemplo que usábamos frecuentemente para ilustrar el uso del imperfecto de cortesía). En ese ejemplo, usar el condicional es un poco forzado, queda un poco rebuscado y atípico.

 

Si tú le dices a la panadera:

 

– Buenos días, querría un barra de pan

 

Se va a oír como algo un tanto inhabitual, y quizás innecesario.

 

Lo que suena perfectamente es:

 

 

– Buenas, quería una baguette

 

O:

 

– Hola, una barra de medio, por favor

 

O:

 

¿Tiene pan de cereales?

– Sí, tenemos de quinoa, espelta, ocho cereales,…¿cuál le pongo?

– Una barra de ocho cereales, por favor

 

 

Lo cual nos lleva a pensar que el condicional de cortesía marca, a veces, un poco más de distancia entre los hablantes, al menos al principio de la conversación. Y que es adecuado en el tipo de situaciones que hemos descrito, en las que queremos hacer una introducción amable, cortés, que predisponga al otro a un intercambio comunicativo confortable y fluido que le invite a cooperar.

Para ilustrar cómo favorecer o bloquear esa cooperación, imaginemos, por ejemplo, la situación de un alumno adolescente que ha fumado en el lavabo del Instituto, estando esto prohibido. Los detectores de humo han sonado. Llega el vigilante y sólo está Chema, nuestro joven amigo, en el lavabo. Quiere librarse del castigo y niega que estuviera fumando.

 

Bien. Vamos a plantear tres modelos de diálogo:

1/ El Director del colegio y el Jefe de Estudios creen que el chico debe confesar su falta y asumir que es él quien ha fumado en el lavabo y disparado los detectores de humo. Creen que hay que aplicarle algún tipo de sanción. Pero saben que es una conducta adolescente que hay que sancionar en su justa medida, pero sin considerarla un grave delito y sin machacar al chaval.

2/ El Director del colegio y el Jefe de Estudios están muy enfadados, iracundos, con el chico. Creen que es intolerable que haya fumado en los lavabos. Creen que hay que castigarlo duramente. Y van a ser muy duros cuando le entrevisten ya que no tendrán ninguna consideración con él y le presionarán cuanto sea necesario para que confiese, y además rápido.

3/ El Director y el Jefe de Estudios saben que el chico ha cometido una falta que debe ser sancionada. Pero se da la circunstancia de que el chico es el hijo de una familia adinerada que ayuda anualmente a esta institución con sumas muy elevadas de dinero, sin las cuales difícilmente sobrevivirían. El Director cree que el chico ha de asumir lo que ha hecho, pero quiere que el diálogo sea suave, no agresivo, considerado, con el fin de no enfadar ni al padre ni al hijo, y no perder la subvención económica.

 

Vamos con el primer caso.

1/ El chaval, en el despacho del Director, niega el hecho, y dice que él no estaba fumando en el lavabo. El Director y el Jefe de Estudios intentan, no obstante y con tacto, que el chico asuma lo que ha hecho.

 

 

Director :Chema, ¿sabrías explicar qué ha pasado?

Chema :Yo no sé nada

Director :¡Venga, hombre! Tú estabas allí, solo, y los detectores de humo se han disparado

Chema :Yo no sé por qué, yo estaba en el váter

Director :Mira, Chema, querríamos que nos dijeras la verdad

Chema : Pero ¿qué verdad? Si yo no sé por qué ha sonado el detector

Jefe de E.:Chema, tendrías que asumir lo que has hecho. Negarlo no sirve de nada

Chema : (silencio)

Director :Querríamos saber si estabas fumando en el baño

Chema :¿Yo…, fumando?…No, no, no estaba fumando

Director :Sería bueno no seguir negándolo

Chema :Quiero llamar a mi padre

 

Etc.

 

 

¿Veis? Llenito, llenito, este diálogo, de condicionales para evitar bloquear al chico e invitarle a decir la verdad. El chaval está asustado. Sabe que se ha saltado las normas y sabe que habrá algún tipo de respuesta escolar, algún tipo de sanción.

 

Asistamos, ahora, al segundo modelo de diálogo.

2/ Imaginaos, ahora, este pequeño diálogo sin todos esos elementos de cortesía verbal que hacen posible que el chico hable y acepte su error. Es decir, el Director y el Jefe de Estudios están muy enfadados con el chico, consideran su conducta inaceptable, quieren castigarle seriamente y despliegan un discurso agresivo, directo y sin atenuantes, que vemos a continuación:

 

Imaginemos algo así:

 

Director :Oye, chaval, o dices lo que ha pasado o prepárate para las consecuencias

Chema :Yo no sé nada

Director :Venga, hombre, no digas mentiras, que ya sabemos que has sido tú, mentiroso

Chema :No, no sé, …yo sólo estaba en el váter

Director :Oye, mentiroso, o dices la verdad o te vas a arrepentir

Chema :Yo no sé por qué ha sonado eso

Director :Mira, Chema, no niegues la evidencia. Eres culpable. Admítelo de una vez, no tenemos todo el día

Chema : (Silencio)

Director :Estabas fumando en el baño. Eso está prohibido y se te va a caer el pelo por saltarte las reglas

Chema :¿Yo…fumando? No, no, …

Director :No lo niegues más, y admítelo de una vez

Chema :Quiero llamar a mi padre

 

 

¿Os imagináis? Un diálogo así parece sacado de una película de terror. Si al chico le hablaran así, acabaría sudando, temblando, con taquicardia y bloqueado.

 

 

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Conozcamos ahora la tercera opción.

3/ Imaginemos, también, otro caso. El chico es hijo del principal espónsor del colegio. Su padre da ayudas económicas sin las que el colegio no puede sobrevivir.

El director sabe que tiene que hablar con el chico, pero intenta hacerlo con tal suavidad que el interrogatorio acaba por ser totalmente ineficaz:

 

Director :Hola, Chema, siéntate. Hemos oído que ha habido un pequeño incidente en el baño

Chema :¡Ni idea!

Director :Sí, hombre, parece que ha sonado el detector de humos

Chema :¿Y a mí qué me cuenta?

Director :Hombre, parece que tú estabas allí, ¿no?

Chema :Sí, pero yo no sé por qué ha sonado

Director : Pero, hombre, ¿no puedes decirnos si has visto algo o a alguien?

Chema :No

Director :En nuestro Instituto no se puede fumar

Chema :¡Ya…!

Director :¿Prefieres que hablemos con tu padre?

Chema :Si lo cree necesario…

Director :Bueno, Chema, estoy seguro de que le vamos a encontrar una solución a este problema

Chema :Ya, seguro, …

 

 

La situación de Chema podría generar cientos de diálogos, dependiendo de la personalidad del chico, de su ética, de la respuesta familiar, de sus antecedentes, de su relación con el colegio, de la respuesta que el colegio suele dar en casos así, de la actitud de sus compañeros hacia él, de su biografía (por ejemplo, si es la primera vez, o si es reincidente), de si es o no respetuoso con las normas, de sus sentimientos ante un castigo institucional, … Hay tantos factores, que generarían  infinitos diálogos.

Pero el primero de nuestros tres diálogos, mostraría un diálogo en el que las autoridades escolares quieren castigar una falta, pero entienden que es eso, una falta, y no un crimen,  y que delante tienen a un chico asustado, y no a un delincuente. Por eso se busca la “manera lingüística”  (condicionales y otros atenuantes) para llevar el diálogo a ser cooperativo y a conseguir su objetivo: que el chico admita que ha fumado en el lavabo del colegio y que eso requiere una respuesta concreta.

El segundo caso es el de un discurso terriblemente agresivo y punitivo, lleno de elementos directos, sin mediación, sin atenuantes, dirigido a conseguir una confesión y a aplicar un castigo ejemplar.

Y el tercero es el caso de un discurso blando, ineficaz, destinado a no enfadar ni al chico ni a su padre, y condicionado totalmente por la ayuda que la institución recibe de esta familia y de la que no puede prescindir.

Lo que debe quedar claro es que cuando usamos el condicional como un modo de cortesía, establecemos una mayor distancia comunicativa con el otro y suavizamos enormemente el mensaje.

 

 

Por eso no es lo mismo decir:

 

– Es difícil hablar con Mario de vuestros problemas, pero hazlo; si no, acabaréis mal

 

Que decir:

 

– Sí, mujer, ya sé que es difícil hablar con Mario, pero podrías intentarlo. Yo de ti, lo haría con mucho tacto

 

 

 

 

O no es lo mismo decir:

 

– Enséñeme todos los jerseys de cachemir de la tienda

 

Que decir:

 

– Querría ver algunos jerseys de cashemir. Mi talla es XL.

 

 

 

 

Y tampoco es lo mismo decir:

 

– Te voy a dar una noticia pésima: te van a despedir del trabajo

 

Que decir:

 

– Querría comentarte un asunto delicado. Hay un rumor en la oficina que debes saber porque es sobre tu puesto de trabajo

 

 

 

 

O no es lo mismo decir:

 

– Oye, Marta, déjame tu vestido largo para la fiesta de esta noche

 

Que decir:

 

– Marta, querría pedirte un favor. ¿Te importaría prestarme tu vestido largo para la fiesta de esta noche? Lo cuidaré, te lo prometo

 

 

Ya veis que el uso del condicional de cortesía le confiere suavidad al mensaje, “le quita hierro”, atenúa la posible exigencia no deseada en la frase, la hace más viable para el interlocutor.

 

 

 

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No podemos terminar este apartado sin mencionar dos aspectos más.

 

 

1) El primero es que usamos los elementos de la cortesía verbal, lo elementos atenuantes, sólo si son necesarios.

Una de las cuestiones clave en la comunicación es la economía en los intercambios lingüísticos. Aquí, “economía”, es decir las cosas lo mejor posible con los elementos justos. O sea, hablar sin dar cincuenta rodeos para decir algo, hacerlo de una manera concisa, auténtica, no agresiva, y clara, pero usando (siempre de forma, digamos, automática) los elementos atenuantes necesarios para respetar al máximo posible la integridad comunicativa del otro.

 

 

2) La segunda cuestión es, que no es necesario usar el condicional en frases en las que ya hay otros elementos atenuadores que están cumpliendo la función de hacer viable el mensaje. 

 

 

Por ejemplo, si yo digo:

 

– ¿Querrías pasarme la sal?

 

Está muy bien. Pero ya no tengo que usar “querrías”, si uso otro ejemplo.

 

Pásame la sal, por favor (“por favor” es el elemento atenuador que le resta exigencia al imperativo)

O:

¿Me acercas la sal? Gracias ( “Gracias” es el elemento que suaviza la petición)

O:

Acércame la sal, por favor, que no llego…(“No llego” es “no la alcanzo”; una pequeñísima explicación que, junto al “por favor”, predisponen al otro favorablemente a pasarnos el salero de manera normal)

 

Si alguien dice:

 

– Pásame la sal

 

El otro podría decirle:

 

Cógetela

 

Pero en el momento que aparecen los atenuadores:

 

– ¿Me puedes pasar la sal? Gracias

– ¿Me acercas la sal?

– Por favor, acércame la sal

Etc.

El interlocutor se siente bien tratado, percibe que se le ha preguntado correctamente, que se le ha solicitado algo con buenas maneras, y automáticamente, nos acerca la sal encantado de cooperar.

 

Es decir, cuando en las frases aparecen elementos como:

 

– Por favor…

– ¿Me acercas…?

– Gracias

– ¿Te importa…?

– ¿Puedes…?

– Es que no alcanzo…

– Disculpa, …

 

O elementos similares, las buenas maneras comunicativas están funcionando y la cooperación entre interlocutores se desarrolla de manera cómoda, afable, normal.

 

Es importante tener en cuenta todos estos factores también para no hacer redundante la cortesía verbal en los mensajes. Es la que es, y no es ni menos, ni más. Por eso es necesario conocer que, junto a los llamados tiempos y modos de cortesía, existe una legión de otros elementos atenuadores que ya funcionan por sí solos, sin necesidad de recargar la frase con elementos amables, lo cual le restaría capacidad comunicativa, agilidad, fluidez y espontaneidad.

Tenemos que aprender a usar estos elementos pero en su justa medida, usar los que son necesarios para cada ocasión, sin hacer un gasto inútil de otros elementos lingüísticos y sin hacer de la frase un artificio innecesario y de menos capacidad comunicativa. Es verdaderamente importante entender y asimilar estas cuestiones.

 

En nuestro próximo capítulo, abordaremos el imperfecto de subjuntivo (quisiera). Hasta pronto.

 

Quería, querría, quisiera (6)

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Continuando con nuestro condicional de cortesía, en el apartado anterior habéis visto que hemos usado el condicional de los siguientes verbos, en preguntas:

 

 

QUERER

 

– ¿Querrían comer los señores?

– ¿Querrías acompañarme al médico?

– ¿Querría atenderme, por favor? Tengo prisa

– ¿Qué querrían tomar?

– ¿Querría indicarme una farmacia cercana?

– ¿Querrías hablar tú con Paco? A mí no me coge el teléfono

– ¿Querrías avisar a Luis de la reunión urgente de mañana? Yo no tengo su número de móvil

 

 

 

PODER

 

– ¿Podrías pasarme la sal?

– ¿Podría decirme la hora?

– ¿Podría indicarme una parada de taxis?

– ¿Podrías explicarme por qué estás tan callada?

– ¿Podrías dejarme 50 euros? Te los devuelvo la semana que viene

– ¿Podrías pasarme una servilleta de papel?

– ¿Podrías escucharme con calma, por favor?

– ¿Podrías ser un poco más amable con mis compañeros de trabajo?

– ¿Podrías tomarte un poco más en serio lo que te estoy diciendo? No estoy para bromas

 

 

 

DESEAR

 

– ¿Qué desearía beber, vino o cerveza?

– ¿Desearía algo más de postre?

– ¿Cómo desearía el filete, al punto o vuelta y vuelta?

– ¿Qué desearías decirle si lo tuvieras delante?

– ¿Que desearías estar más delgada? Pero mujer, si tienes un cuerpo 10

 

 

 

SER

(Son preguntas muy educadas las que se inician así. Va seguido, habitualmente, de “ tan amable”)

 

– ¿Sería tan amable de decirme la hora?

– ¿Sería tan amable de sujetarme la puerta?

– ¿Sería tan amable de ponerme hielo y limón en el refresco?

– ¿Sería tan amable de dejarnos ver el menú del día?

– ¿Sería tan amable de dejarme pasar?

– ¿Sería tan amable de no fumar aquí dentro?

 

 

 

TENER

(Preguntas bastante educadas con “tener la amabilidad”, “tener la bondad”, etc.)

 

– ¿Tendría la amabilidad de concederme este baile?

– ¿Tendría la bondad de darme algo para comer? (Un mendigo)

– ¿Tendría la amabilidad de ayudarme con esta maleta?

– ¿Tendría la bondad de ayudarme a cruzar la calle? (Una viejecita)

– ¿Tendría la amabilidad de indicarme una parada de taxis?

 

 

 

IMPORTAR (LE) ALGO A ALGUIEN

(Seguido de infinitivo)

 

– ¿Te importaría cerrar la puerta?

– ¿Te importaría explicarme qué pasó en la fiesta de anoche entre tú y mi novia?

– ¿Te importaría pasarme tus notas de la reunión? No pude asistir y me gustaría conocer los puntos más importantes

– ¿Le importaría decirme el horario de esta oficina?

– ¿Le importaría enseñarme otros modelos? Todas estas camisas no acaban de gustarme

– ¿Le importaría no ponerle sal a mi filete? Tengo la tensión alta

– ¿Te importaría mantenerte al margen de este asunto? Ya hay bastante lío…

– ¿Les importaría acompañarme a comisaría? Allí aclararemos este error

– ¿Te importaría devolverme el dinero que te presté? Es que ahora soy yo el que está sin blanca

 

 

 

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MOLESTAR (molestarle algo a alguien)

(Seguido de infinitivo o de oración con “que”)

 

– ¿Te molestaría dejarme un poco de sitio? No me cabe la silla

– ¿Te molestaría llamarme esta noche? Te lo explicaré todo con detalle

– ¿Te molestaría que fuese con vosotros al cine? Siempre me invitas y no voy. Pero hoy me apetece mucho

– ¿Te molestaría disminuir la velocidad? Vamos demasiado deprisa 

– ¿Te molestaría decirle al niño que no grite tanto? Me duele la cabeza

– ¿Te molestaría mucho dejar de llamarme “gatita”? Sobre todo, en público…

 

 

 

PARECER (parecerle algo a alguien)

(Seguido de infinitivo o de “si…”)

 

– ¿Qué te parecería hacer un viaje de un mes por toda España?

– ¿Qué te parecería matricularnos en un curso de Fotografía Digital?

– ¿Qué te parecería si dejo uno de los dos trabajos?

– ¿Qué te parecería regalarle una bici a Paquito?

– ¿Qué te parecería montarle una super fiesta a Sonia? Que son 30 tacos los que cumple…

– ¿Qué te parecería si nos vamos a comer una paella a la Barceloneta y luego al cine?

– ¿Te parecería bien si invito a Luis a la fiesta? Es una buena oportunidad para que hagáis las paces

– ¿Te parecería correcto comentarle a Begoña que yo también me presento al puesto de director de zona? No quiero ser desleal con ella

 

 

 

GUSTAR (gustarle algo a alguien)

 

– ¿Te gustaría pasar las vacaciones en una isla del Caribe?

– ¿Te gustaría venir a mi fiesta de cumpleaños?

-¿Te gustaría cenar conmigo esta noche?

– ¿Te gustaría hablar español con más fluidez? Pues vámonos de vacaciones a España

– ¿Te gustaría aprender a tirarte en paracaídas?

– ¿Cómo le gustaría el vestido?, ¿largo, corto, con tirantes?, ¿y el color?, ¿de qué color le gustaría?

– ¿Cómo le gustaría el filete, poco hecho o medio?

– ¿Cuánto dinero le gustaría ganar con la lotería?

– ¿A quién le gustaría nombrar como heredero de su fortuna?

– ¿Qué le gustaría más: vivir hasta los cien años, o no estar nunca enfermo?

– ¿Te gustaría salir con Marta? Pues díselo

  

 

 

HACER

(Hacer el favor) (Suele usarse con “me”: ¿Me haría el favor de…?)

 

– ¿Me haría el favor de decirme la hora?

– ¿Me haría el favor de ayudarme a subir al tren?

– ¿Me haría el favor de cambiarme el asiento? Me mareo mucho en los de pasillo

– ¿Me haría el favor de indicarme una Farmacia de guardia?

– ¿Me harías el favor de no contarle nada de esto a Marta? Quiero decírselo yo, personalmente

– Camarero, ¿me haría el favor de llevar este filete a la cocina, para que lo hagan un poco más? Está totalmente crudo

 

 

 

IR

(Irle bien o mal, algo, a alguien)

 

– ¿Te iría bien quedar hoy hacia las 8?

– ¿Te iría bien que nos viésemos esta noche?

– ¿Qué tal te iría cenar conmigo mañana?

– ¿Les iría bien la reunión para el próximo jueves?

– ¿Te iría bien traerme hoy el diccionario que te dejé el mes pasado?

– ¿Te iría bien llamarme un poco más tarde? Ahora mismo estoy en mitad de una reunión

– ¿Te iría bien acompañarme al médico esta tarde, a las 6?

– ¿Me iría bien el vestido rojo para la fiesta de esta noche?

 


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En las frases que usamos para contestar estas preguntas, no solemos repetir el condicional, puesto que ya no estamos solicitando nada, sino respondiendo a un requerimiento.

 

Es decir, es más habitual oír:

– ¿Te iría bien quedar en el centro? Está más cerca de mi trabajo

 

Lo normal es contestar:

– Claro, me va perfecto. Quedamos a las siete, en Ramblas

 

Y no:

– Sí, me iría bien

 

Podría decirse, pero quedaría un tanto forzado, incluso con un cierto tono de inseguridad.

La cortesía verbal con el condicional, está más en la pregunta o en la petición de alguien, en este caso, y menos en la respuesta.

 

Si tú vas a comprarte una americana a una boutique de ropa masculina, puedes empezar diciendo:

 

– Hola, quería ver alguna americana de cachemir

 

El dependiente podría decir:

– ¿Prefiere algún color en particular?

 

Y tú:

– Pues la querría más bien oscura

 

Pero también:

– Pues la prefiero azul o negra

 

Etc.

 

 

En la tienda de prendas femeninas puedes pedir lo que quieras así:

 

– Hola, buenas tardes, querría ver vestidos frescos, como los del escaparate

 

O:

 

– Hola, mire me gustaría probarme esa falda negra del escaparate, o alguna parecida

 

O:

 

– Buenos días, ¿le importaría decirme el precio del abrigo que tienen expuesto?

 

O:

 

– Hola, ¿podría enseñarme pantalones elásticos ceñidos? Es una talla 46

 

O:

 

– Buenas tardes, ¿sería tan amable de enseñarme la pluma estilográfica del escaparate?

 

 

 

Pero también:

 

 

 

– Hola, ¿qué tal? Mire, estoy buscando un jersey de cuello alto, de lana

 

O:

 

– Buenas, ¿tienen zapatillas deportivas? Necesito unas para correr

 

 

 


Quería, querría, quisiera (5) Condicional de cortesía

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Iniciamos esta quinta parte de nuestro estudio sobre la terna verbal que aquí nos ocupa (quería, querría, quisiera) desarrollando ya los usos que el idioma español hace del MODO CONDICIONAL DE CORTESÍA, cuando se trata de aportar atenuación a una frase de requerimiento.

Es cierto que conocemos ya las funciones de posibilidad y probabilidad con las que solemos usar el condicional. Ahora tenemos que familiarizarnos también con el uso de este condicional simple como un modo de cortesía verbal en español.

Al igual que en el caso anterior (el caso del imperfecto de indicativo), usamos el condicional simple en preguntas y en aseveraciones en las que necesitamos un plus de suavidad, un matiz que nos ayude a mitigar el mensaje, a reducir la exigencia, a atenuar el mandato, a hacer menor el énfasis, o a proporcionar a nuestra frase la cortesía habitual de este tipo de frases en español.

Lo usamos, pues, en preguntas o en frases aseverativas, en las que hay:

 

– Un requerimiento

 

– Un deseo

 

– Una petición

 

– Un ruego

 

– Una sugerencia

 

– Una invitación a hacer algo

 

– Una petición de permiso

 

 

Podríais decirme, y con razón, que es prácticamente igual a lo que decíamos respecto al imperfecto de indicativo. Y es verdad. Es prácticamente igual, si no fuera porque en aquel caso era el tiempo (el pasado) el matiz que atenuaba la urgencia de una petición, por ejemplo. Y en este otro caso, es el modo, el modo condicional, que, en algunos casos, matiza algo más la pérdida de fuerza del mensaje. Bien es cierto que sólo en algunos casos, porque en otros muchos, se usa de manera intercambiable con el imperfecto. Es decir, son intercambiables, son conmutables en el uso que de ellos hacemos en el campo de la cortesía verbal.

En esas expresiones que comentábamos más arriba, vamos a usar el condicional simple de forma habitual y automática.

Sin embargo, en preguntas habituales, podemos usarlo de todas las formas que veréis a continuación, y que son muchas más de las que aceptaba el imperfecto de cortesía, más ligado a los verbos querer, desear, venir y llamar.

 

El condicional de cortesía lo vais a ver en preguntas del tipo:

 

– Hola, señores, buenos días, ¿querrían comer?

 

O:

 

– ¿Qué desearía de postre, tarta o fruta?

 

O:

 

– María, voy al traumatólogo esta tarde, ¿querrías acompañarme?

 

O:

 

– ¿Desearía comer ya o prefiere esperar a su acompañante?

 

O:

 

– Perdona, ¿te importaría que cerrase la puerta? Hay mucha corriente de aire

 

O:

 

– ¿Podría decirme cuánto falta para llegar a Las Ramblas?

 

O:

 

– ¿Podría ponerme la leche fría en el capuchino, por favor?

 

O:

 

– ¿Tendría la amabilidad de ayudarme con la maleta, por favor?

 

O:

 

– ¿Sería tan amable de sujetarme la puerta, por favor? Es que voy muy cargada

 

O:

 

– ¿Serías tan amable de hacerme una fotocopia de los acuerdos que se han tomado en la reunión? Gracias

 

O:

 

– ¿Te molestaría decirme quién te ha dado esa información? Era una información reservada

 

O:

 

– ¿Qué te parecería irnos fuera todo el fin de semana?

 

O:

 

– ¿Me haría el favor de informarme de todo esto, con más detalle? Lo necesito para el expediente

 

 

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– ¿Le iría bien cambiar su asiento por el mío? Es que aquí detrás me mareo

 

O:

 

– ¿Le daría igual darme el cambio en billetes? Me está dando demasiadas monedas…

 

O:

 

– Disculpe, ¿podría apagar el cigarrillo? Mi bebé está respirando todo el humo, ¡por Dios!

 

O:

 

– ¿Te gustaría venir con nosotros al baile?

 

O:

 

– ¿Podrías hacerme un resumen de la reunión?

 

O:

 

– ¿Querrías decirme el motivo de tu enfado?

 

O:

 

– ¿Te importaría explicarme que le pasa a Carlos conmigo? No me habla desde hace una semana

 

O:

 

– ¿Me harías el favor de dejarme los apuntes de clase? He faltado varios días y necesito todo el material para el examen. ¿Te importaría?

 

O:

 

– ¿Serías tan amable de acompañarme al médico? Estoy un poco asustada

 

O:

 

– ¿Estarías dispuesto a confesar la verdad sobre el robo y a decir a quién viste robando, delante de un tribunal?

 

O:

 

– ¿Podría decirme qué hora es, por favor?

 

O:

 

– ¿Querría atenderme, por favor? Llevo más de 15 minutos esperando para comprar un simple pantalón

 

O:

 

– ¿Qué le gustaría tomar?

 

O:

 

– ¿Qué querría?

 

O:

 

– ¿Qué le apetecería, sangría o vino blanco?

 

O:

 

– ¿Qué preferiría, vino o cerveza?

 

O:

 

– ¿Desearía saber la fecha de la entrevista? Pues…un momento, voy a consultarlo

 

O:

 

– ¿Podría ayudarme?

 

O:

 

– ¿Querría indicarme el Metro más cercano?

 

O:

 

– ¿Podría decirme dónde hay una Farmacia cerca de aquí?

 

O:

 

– ¿Le importaría darme fuego?

 

O:

 

– ¿Me diría la hora, por favor?

– ¿Podría decirme la hora, por favor?

– ¿Sería tan amable de decirme la hora?

– ¿Me haría el favor de decirme la hora?

– ¿Tendría la amabilidad de decirme la hora?

 

O:

 

(Una mamá con el carrito y el bebé)

– ¿Le importaría sujetar la puerta? ¡Uf! Gracias. Yo sola no podía

 

O:

 

– ¿Querría acompañarme a la Caja para abonar el vestido?

 

O:

 

– ¿Desearía algo más?

 

O:

 

(Dos amigas. Una le dice a la otra que ha dejado a su novio)

– ¿Podrías no mirarme así? Dejar a Juan no es ningún crimen

 

O:

 

– ¿Podrías ponerte algo encima? No se puede estar así, desnudo, en la terraza. La gente te mira desde la calle…

 

O:

 

– ¿Podrías dejarme tu bici para ir al súper?

 

O:

 

– ¿Te importaría abrir la ventana? Hace calor

 

O:

 

– ¿Sería tan amable de pagar con algo más pequeño? No tenemos cambio de 500 euros

 

O:

 

– ¿Le molestaría si enciendo un cigarrillo?

 

O:

 

– ¿Te molestaría decirme por qué estás tan callada?

 

O:

 

– ¿Te gustaría que saliéramos juntos esta noche?

 

 

 

Como veis, estamos hablando con verbos que se usan constantemente en condicional de cortesía, para hacer preguntas que indican un ruego, una petición, una sugerencia, una necesidad o un favor, y que necesitamos plantearlo así para obtener el máximo de cooperación de nuestro interlocutor.

 

 

Hasta pronto, amigos.

Quería, querría, quisiera (4) Imperfecto de Cortesía

 

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Hoy nos vamos a meter ya en materia y vamos a empezar, ahora ya directamente, con el llamado IMPERFECTO DE CORTESÍA, es decir, con el pretérito imperfecto de indicativo de los verbos…¿de cualquier verbo? No, no de cualquier verbo. Este uso cortés del imperfecto queda circunscrito a cuatro verbos:

 

– QUERER

 

– DESEAR

 

– VENIR

 

– LLAMAR

 

 

Este imperfecto lo vais a oír en todas las personas del tiempo, del copretérito, en todas las personas, recordadlo. Y además, tanto en formas afirmativas (o negativas), como en formas interrogativas.

 

El imperfecto de indicativo de querer, desear, venir y llamar es uno de los tiempos más usados cuando pedimos algo, solicitamos algo, sugerimos algo, informamos de algo, etc. Es decir, cuando llevamos a cabo, en el presente, alguna de las acciones expresadas en los verbos que detallamos en la primera parte de este trabajo, en la introducción.

 

Lo usamos habitualmente para atenuar, suavizar, ese tipo de acciones que entrañan:

 

* Permiso

* Aviso

*Deseo

*Necesidad

*Sugerencia

*Petición

*Solicitud

*Información

*petición de favores

*petición de servicios

*Aconsejar

*Opinar

*expresar opiniones personales definidas

 

…en fin, todas aquellas expresiones que necesitan tacto, cordialidad o maneras suaves al ser formuladas, que pertenecen a nuestro presente, pero a las que quitamos imposición y urgencia con el uso de este tiempo verbal.

 

El tiempo del verbo, el pasado, marca ya una cierta distancia entre los interlocutores, suaviza la petición, el deseo, el consejo, o la sugerencia y pone a los hablantes en un lugar más protegido, podríamos decir, en el acto comunicativo.

 

El pasado suaviza la expresión de la petición presente, atenúa la contundencia del enunciado, marca un pequeño territorio de cordialidad entre los hablantes. El uso de este pasado suaviza la urgencia de un deseo, de una petición o de un aviso, hace que el otro los escuche con confianza, con la confianza que se desprende de observar una actitud cordial, ligeramente respetuosa o suave y tranquila en el otro, en el que nos habla.

 

Usamos el imperfecto de indicativo de los verbos indicados más arriba para todas estas cosas, incluso cuando se trata de cosas urgentes, o de necesidades, y que matizamos con el uso de este tiempo cortés.

 

Evidentemente, el uso continuado de este imperfecto de cortesía se ha ido automatizando, y lógicamente su uso no está condicionado a que analicemos la situación para ver si lo decimos o no. El estudiante de español acaba por saber qué situaciones requieren este uso, de forma normal y automática, y cuáles no. Pero era importante conocer el origen de este uso, para que, comprendiéndolo, podáis usarlo con más conocimiento de causa.

 

 

Podríamos resumir un poquito con todos estos matices que pueden ayudaros a entenderlo mucho mejor. El uso del imperfecto de cortesía podría ayudar a:

 

 

– Expresar un deseo educadamente

– Expresar una petición suavizada

– Expresar una solicitud con tacto

– Expresar una sugerencia con cordialidad

– Expresar una petición de forma atenuada

– Pedir un favor sin urgencia

– Pedir permiso con amabilidad

– Pedir algo sin contundencia

– Informar de algo sin asustar, sin amenazar

– Pedir un servicio amablemente

– Solicitar algo de la forma adecuada

– Aconsejar sin un énfasis molesto

– Avisar sin ansiedad

– Plantear una necesidad de forma tranquila

 

 

Expresión de deseos, peticiones, solicitudes, sugerencias, favores, avisos, consejos, etc. presentes, necesidades que tenemos ahora, en este momento, pero que no siempre expresamos en presente con el fin de suavizar esa expresión, con el fin de atenuarla. Y de eso se encarga nuestro imperfecto de cortesía.

 

 

 

 

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Vamos a los ejemplos:

 

 

 

– Oye, quería pedirte un favor

– Tú dirás

– ¿Podrías dejarme tu coche esta noche? Tengo una cita importante y el mío está en el taller de reparaciones

– OK, te lo dejo, pero lo necesito mañana a las 8

– Eso está hecho, allí lo tendrás

 

 

– Hola, ¿qué quería?

– Pues…quería un pantalón corto

– ¿Para llevar por la calle o de playa?

– No, no, para ir por la calle

 

A partir de aquí, pasados los primeros momentos de la interacción, es posible y usual continuar con presente normal.

 

– ¿Los quiere de algodón o de poliéster?

– Prefiero algodón

 

 

O:

 

 

– Díganme, señores, ¿qué deseaban?

Veníamos para entrevistarnos con el director

– ¿Tienen cita previa?

– No, pero es urgente. Dígale que estamos aquí, por favor

 

 

O:

 

 

– Agencia de Empleo “Trabajo Seguro”. Dígame

– Hola, buenos días, llamaba para saber si hay alguna nueva oferta de trabajo

– Perdón, no le he oído bien, ¿para qué llamaba?

– Para ver si hay nuevas ofertas de trabajo

– Dígame su nombre, por favor

 

O:

 

 

– Buenas tardes, señor, ¿qué quería?

– Pues…quería una caña y unos tacos de queso

 

 

O:

 

– ¿Qué deseaba?

Quería unas botas impermeables de montaña

– ¿Qué número, por favor?

– El 42. Ah, las quiero con velcro, sin cordones

 

 

O:

 

 

– Hola. Venía por el anuncio del periódico

– ¿El de camarero?

– Sí

– ¿Ha traído informes de trabajos anteriores?

– Sí, aquí están

 

 

O:

 

 

– Buenas, llamaba para pedir hora con el doctor López

– Mire, puedo darle hora para el jueves de la semana que viene

– Muy bien, ¿a qué hora concretamente?

 

 

O:

 

 

– ¿Diga?

– Hola, buenos días. Llamaba para saber la hora de la entrevista

– ¿Que llamaba para saber el resultado de la entrevista?

– No, no, señorita, no llamaba para saber el resultado, sino para saber la hora de mi primera entrevista

– Su nombre, por favor

– Feliu, Susana Feliu

 

 

O:

 

 

– ¿Qué deseaba?

– Un café, por favor

– ¿Desea algo de comer?

– Sí, tráigame un cruasán, por favor

– ¿La leche, caliente?

– No, del tiempo está bien

 

 

O:

 

 

Quería comentarte la reunión de ayer

– Ah, es verdad, ¿qué tal fue?

– Pues, la verdad es que hay problemas graves en la empresa. Hay pérdidas económicas importantes

– Vale, cuéntame, cuéntame

 

 

O:

 

 

– Hola, venía a recoger el paquete

– ¿Ha traído el comprobante?

– Sí, sí, aquí tiene

 

 

O:

 

 

– Dígame, ¿para qué llamaba?

– Hola, mira, llamaba para ver si ya me han traído el libro que encargué

– Dígame el título, si es tan amable

 

 

O:

 

 

– Hola, quería preguntar si necesitan un camarero

– Ah, usted venía por el anuncio, ¿verdad?

– Pues, sí

– Pues, mire, lo sentimos, pero esta mañana ya se ha cubierto el empleo. Lo lamento

 

 

Como veis por los ejemplos, las personas más usadas son la 1ª y 2ª del singular, en oraciones afirmativas; y las tres primeras personas del singular, en preguntas. Se pueden usar todas, pero las más comunes son las que acabamos de mencionar.

 

En la próxima entrega, el condicional de cortesía.

 

 

————————————–

Quería, querría, quisiera (3)

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Quería, querría, quisiera (3)

 

Al final de la segunda parte, nos preguntábamos si podíamos usar el presente de indicativo para pedir algo, para expresar un deseo, una necesidad, etc., del presente. Bueno, claro que sí, por supuesto que puedes usar ese presente. Ese “quiero” lo usamos constantemente en las situaciones en las que hay confianza entre los hablantes, situaciones en las que estos se conocen -por ejemplo-, en las que ambos interlocutores saben que la propuesta del otro no compromete su estatus, o su recíproca relación. O también lo usamos en situaciones directa y abiertamente amables.

Imaginemos que yo estoy con un amigo, muy amigo, mío. Estamos planificando un viaje y nos vamos dando información cada vez que nos vemos. Por eso, ahora yo puedo decirle:

 

– Oye, Luis, quiero comentarte lo de los billetes del viaje para decidir fechas. Hoy mismo tenemos que decidir los días.

 

Aquí, en este ejemplo, no haría falta decirle:

 

 

– Oye, Luis, quería comentarte lo de los billetes del viaje…

 

Es más, en este segundo caso, este uso sonaría quizás un tanto raro, aunque tiene que quedar claro que no sería incorrecto.

Es decir, entre estas dos personas hay una interacción comunicativa amistosa y cordial, la típica entre colegas. Insistimos, se trata de una situación de amistad, de camaradería. Ambos llevan ya un tiempo hablando de ese viaje, ambos saben que está pendiente la decisión de las fechas y que hay que hablar de ello, y ambos son amigos y saben que esa información no compromete ningún aspecto personal de ninguno de los dos.

Lo mismo pasaría en casos ligados a situaciones amables y corteses en sí mismas.

 

Supongamos que Pedro quiere regalarle un anillo de compromiso a Rebeca, su novia. Está impaciente por decírselo, enamorado, contento, y sabe que a ella le hará mucha ilusión ese regalo. Le dice:

 

– Rebeca, quiero regalarte un anillo de compromiso en nuestro primer aniversario.

 

No haría falta establecer ninguna distancia preventiva en esta comunicación. Ambos son cómplices de su amor, están encantados con su relación y con todos los detalles que la rodean.

 

Otros ejemplos similares:

 

 

– Marga, quiero que las cosas cambien en casa. Quiero asumir mi parte de las tareas domésticas desde hoy.

 

O:

 

– Carlos, quiero felicitarte por tu nuevo puesto de trabajo. Te merecías ese ascenso y me alegro sinceramente por ti.

 

O:

 

– Quiero haceros una confesión a todos, ya que sois mis mejores amigos : me caso y estáis todos invitados a mi boda.

 

 

Ahora bien, retomemos estos mismos ejemplos e introduzcamos otro tipo de elementos que implican más compromiso en la interacción comunicativa, o que implican una información un poco más compleja y que hay que suavizar o atenuar.

Supongamos que yo tengo que comentarle a Luis algo comprometido. Por ejemplo, que he visto a su compañero de trabajo haciéndole la pelota al jefe para conseguir el puesto que Luis se merece más por méritos profesionales y por antigüedad en la empresa. Podría decirle algo así:

 

Yo : Luis, …esto, quería comentarte un par de cosas

Luis : ¿Sobre qué?

Yo : Sobre el trabajo. ¿Sabes algo de si te van a proponer a ti para el puesto vacante?

Luis : Pues no, no sé nada, pero confío en poder optar a ese puesto, ¿por qué?

Yo :Bueno, verás, me han comentado que Alvaro se está entrevistando con el jefe con mucha frecuencia y quería que lo supieras.

Luis : ¿Ah, sí? ¡Interesante información!

 

Etc.

 

¿Veis? El hecho de decir:

 

– Luis, quiero comentarte algo del puesto vacante de tu empresa…

 

Podría sonar, así, de entrada, un tanto inquietante inicialmente, o poner al otro a la defensiva por la contundencia del enunciado, o atemorizarle sobre cosas que desconoce, o…algo similar.

No es que sea incorrecto, insisto, pero, en español, estamos acostumbrados a manejar muchas fórmulas verbales que pueden atenuar el impacto de una información, de una conversación, etc.

Volvamos asimismo al ejemplo de nuestra pareja de novios, Pedro y Rebeca. Ahora Pedro no va a hablarle de ningún regalo, sino que va a plantearle algo frustrante : no podrán hacer un viaje al Caribe que deseaban muchísimo. Todos los vuelos y hoteles de bajo coste se han terminado y no pueden permitirse los otros precios disponibles.

 

Pedro :Rebeca, quería comentarte una cosa respecto al viaje.

Rebeca : Dime, dime, ¿cuándo nos vamos?

Pedro :Bueno, pues…, de eso quería hablarte. La verdad es que las cosas se nos han puesto un poco difíciles.

Rebeca :Ay, ay, ay, que me vas a dar una mala noticia, ¿verdad?

 

Etc.

 

O los otros ejemplos:

 

Oye, Marga, quería decirte que he estado pensando en lo que me dijiste sobre las tareas del hogar y no lo veo claro, la verdad. Yo trabajo muchas horas fuera de casa y…

 

Etc.

 

O:

 

Víctor, quería decirte que siento mucho que no te hayan concedido el ascenso, porque te lo merecías, compañero.

 

O:

 

Amigos míos, quería haceros una confesión a todos vosotros: me he casado en secreto. Ya sé que os vais a enfadar porque sois mis mejores amigos, pero también sé que vais a comprender mis razones.

 

 

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Mirad, necesitaría poner mil ejemplos para dar cumplida cuenta de una pequeña parte de la diversidad de situaciones comunicativas que pueden darse y de cómo usar verbalmente la llamada cortesía para realizar con éxito nuestros intercambios verbales, pero sólo puedo daros algunos indicios que os permitan comprender estos usos y a qué tipo de reglas obedecen.

 

Bien es cierto que, en este campo, la multiplicidad de los contextos comunicativos marcan los usos de la cortesía verbal, pero podemos entender qué factores hacen válida y exitosa la comunicación y cuáles no.

Con esto quiero decir que puede entrar alguien en una tienda a comprar una cartera de piel y decir:

 

– Quería ver carteras de piel

Y decirlo con la cara seria, en voz muy baja y un poco inquietante, con las gafas oscuras puestas, con el gesto enfadado y sin mirar al dependiente, con aire de cliente ofendido y con un actitud un tanto desafiante. Y entonces, por mucho “quería” que haya introducido en el enunciado, su actitud es exigente, poco amable, desconfiada, poco cortés, lo cual pone al dependiente en una situación extraña en la que prevé problemas en esta interacción (quizás sí o quizás no, ya se verá…).

 

O, por el contrario, en esa misma tienda, entra un señor que dice:

 

– Quiero ver carteras de piel

Mirando amablemente al dependiente, sonriendo, con maneras normales, con voz de querer encontrar allí un bonita cartera de piel. Ha dicho “quiero”, sin más, pero el resto de factores que rodean esa interacción comunicativa, está garantizando su buen funcionamiento; está garantizando que esa interacción llegue a buen puerto.

 

Esa es la idea: hay reglas que rigen el uso de la cortesía verbal y situaciones en las que se aplica, pero sin olvidar también el contexto en el que se da ese acto de comunicación, y que es el que determina y redondea la significación del mismo. 

 

Aquí se acaba la introducción que hemos considerado necesaria para abrir la explicación sobre los tiempos y modos verbales de cortesía. En nuestra cuarta entrega, abordamos ya, específicamente, el imperfecto de cortesía.

 

——————————–

 

Hasta pronto, amigos.

Quería, querría, quisiera (2)

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Quería, querría, quisiera (2)

 

Muchos de vosotros os habéis preguntado alguna vez: Pero, vamos a ver, ¿por qué usar el tiempo del imperfecto de indicativo, por ejemplo, pudiendo usar el presente? ¿Por qué decir ”hola, quería una barra de pan”, si puedo decir “hola, quiero una barra de pan”? Bien, pues la respuesta es por todas las razones que venimos exponiendo en la introducción a este trabajo. Porque usar otro tiempo, que no el presente, introduce una distancia entre los interlocutores, una distancia que le quita urgencia y exigencia a la expresión, y que la suaviza y la hace más educada, más estándar, y mucho más cortés.

Esto es muy importante de entender. En español, y en este caso, el tiempo del verbo implica una distancia respecto al interlocutor. El uso del presente, no siempre, pero sí a veces, es el que marca una mayor urgencia y carácter impositivo al mensaje. Sin embargo, el uso del imperfecto de indicativo, o de subjuntivo, o el uso del condicional, marcan ya una atenuación en la premura de la petición, suavizan el requerimiento.

Si vais a una panadería española a comprar pan, es evidente que oiréis un montón de fórmulas de petición del pan. Y también muchas de ellas en presente, y perfectamente educadas y habituales. Pero también oiréis las que usan “quería” como inicio cortés de la frase, porque estamos acostumbrados a usarlo de manera normal, automática y habitual.

 

Probablemente, podrás oír todo esto:

 

Clienta :Una barra de medio

Panadera :Aquí tiene, ¿algo más?

Clienta :No (da la moneda y se marcha)

 

 

O:

 

 

Clienta :Hola, una barra de medio

Panadera :¿Tostada?

Clienta :Sí, ésa está bien. ¿Qué le debo?

Panadera :Un euro

 

 

O:

 

 

Clienta :Hola, quiero una baguette

Panadera :Aquí tiene, son 80 céntimos

 

 

O:

 

 

Clienta : Buenos días, quería dos baguettes, ¿las tiene blanquitas? 

Panadera : Sí, claro, éstas están poco tostadas

Clienta : Perfecto, tenga (le da el billete)

 

 

O:

 

 

Panadera : Hola, ¿qué quería?

Clienta : Pues un pan redondo cortado y una barra rústica

Panadera : Muy bien, ¿se lo corto fino o grueso?

Clienta : Fino, por favor

 

 

Todos estos ejemplos, y muchos más, podréis oír en una panadería española cuando vayáis a comprar vuestro pan. Pero creo que muchos de vosotros continuáis preguntándoos:

 

– ¿Por qué no puedo usar habitualmente el “quiero”, en presente, cuando quiero algo, cuando pido algo o cuando deseo algo?

 

Os lo contesto en la tercera parte de este trabajo. Hasta pronto.

 

 

 

Quería, querría, quisiera (1)

 

 

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Quería, querría, quisiera (1)

 

Queridas amigas y queridos amigos. Siento deciros que no podéis saltaros esta INTRODUCCIÓN, que tenéis que leerla para situaros correctamente en el tema que vamos a tratar.

A muchas de las personas que estudian español les llega, antes o después, el momento de enfrentarse al trío “quería, querría, quisiera”.

Estas personas aprenden que estas tres formas verbales tienen un uso muy similar cuando se trata de:

 

 

– Pedir permiso

 

– Pedir favores

 

– Realizar una petición

 

– Expresar un deseo

 

– Pedir consejos

 

– Dar consejos

 

– Pedir opiniones

 

– Dar opiniones

 

– Hacer propuestas

 

– Hacer sugerencias

 

– Expresar afirmaciones personales

 

 

 

Y que todo esto se lleva a cabo en las situaciones comunicativas normales y corrientes de la vida cotidiana, tales como: comprar algo en una tienda, pedir un favor, pedir consejo a un amigo, dar tu opinión educadamente en un determinado asunto, expresar un deseo en una cena íntima, etc. etc.

Pero pronto se dan cuenta, estas personas, de que estos tres verbos no siempre son intercambiables, o no siempre se usan con las mismas personas del verbo, o no siempre entrañan el mismo grado de cortesía.

La persona que estudia español necesita saber más sobre todo esto, por eso recurre a su instrumento habitual para aclarar dudas : su libro de gramática del español. Ahí busca y acaba por encontrar unas cuantas líneas referidas al imperfecto o al condicional de cortesía. Pero no mucho más.

Eso ha pasado y sigue pasando, pues las gramáticas se ocupan sobre todo del nivel formal de las lenguas: gramática, sintaxis y vocabulario. Hay, por supuesto, gramáticas que tienen un enfoque comunicativo, que incluyen, además, muchas más explicaciones sobre este tema, el de la lengua en situaciones cotidianas de interacción comunicativa. Pero, aún y así, muchas veces no hay suficientes explicaciones ni, sobre todo, suficientes ejemplos.

Para meternos en materia tenemos que decir que hay muchos lingüistas que han escrito magníficos trabajos sobre este tema y que, por ello, hay material -muchísimo- que se ocupa de dar cuenta de la puesta en práctica de la lengua y del habla en diversos contextos. Legión hay de expertos en Lingüística que lo son también en la llamada Pragmalingüística, pero…pero, evidentemente, el estudiante de español no deja su vida a un lado y se dedica durante unos meses a estudiar los fenómenos pragmáticos del habla en interacción, para saber cómo funciona realmente el trío “quería / querría / quisiera”. Las cosas no funcionan así.

 

 

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Bueno, en lo que a mí concierne, yo voy a intentar explicaros un poquito y lo más claramente posible este fenómeno. Voy a hacerlo con lo que sabía anteriormente, más lo que he revisado durante los últimos meses y que, dicho sea de paso, me ha hecho disfrutar muchísimo leyendo algunas de las aportaciones de las dos últimas décadas, en este campo.

El uso de estos tiempos y modos verbales forman parte de las llamadas “expresiones de cortesía verbal”, expresiones que usamos normalmente para pedir permiso o autorización para hacer algo, para pedir algo directamente, para expresar un deseo, o una sugerencia, así como para otras muchas funciones en las que hay un plus de cortesía.

Pero la primera cosa que tiene que quedar muy clara es que cuando hablamos de cortesía verbal no estamos hablando de etiqueta ni de gente exquisita que habla muy educada y cortésmente, o que usa un lenguaje inusual y amanerado propio de personajes principescos.

No es así en absoluto. La cortesía verbal comprende fórmulas comunes de las que se dota el habla -en español- para llevar a cabo los intercambios comunicativos de la vida diaria, en los contextos usuales y normales, y entre gentes que hablan un español común, normal, usual y mayoritario. Y todos estos intercambios se llevan a cabo de manera automática.

Os hablo de esto porque tanto en vuestras clases de español, como en vuestros libros, encontraréis este apartado, el de la cortesía verbal, para explicar estos fenómenos. Y eso puede llevar a confusión por la definición misma de la palabra cortesía.

De ahí que se hable asimismo del imperfecto de cortesía, o del condicional de cortesía. Pero para nosotros, y en adelante, siempre que hablemos de cortesía verbal estaremos hablando de la interacción social y de las estrategias habituales que los hablantes siempre o sistemáticamente usamos en nuestros intercambios y relaciones sociales, para que lleguen a buen puerto…

Las llamadas “normas de cortesía” son reglas que regulan la comunicación entre hablantes y que sirven para atenuar las tensiones que crea esa comunicación si no se regula convenientemente mediante fórmulas lingüísticas compartidas por todos.

En el párrafo anterior hemos dicho una palabra que hay que retener: atenuar. Hemos dicho que las normas de cortesía en el habla cotidiana sirven para atenuar tensiones y conflictos que nacen de todo lo que rodea un acto de habla: lo que dicen los hablantes, el tono que emplean para decirlo, la intención con la que hablan, su expresión facial, su conocimiento recíproco, su estatus social, la distancia social que les impone ese estatus, la presencia o ausencia de otros interlocutores, las expectativas de los unos respecto de los otros, …en fin, los múltiples factores que pueden influir en que una situación comunicativa sea eficaz, exitosa, o suponga, por el contrario, un fracaso comunicativo en el sentido de generar tensiones o conflictos no deseados.

Por eso es importante que nos familiaricemos con este verbo, “atenuar”, porque de él se derivan muchas palabras y expresiones del español que ejercen esta función en la conversación : ejercen como atenuadores, es decir, como elementos de la lengua que todos hemos aprendido a usar para que nuestros intercambios comunicativos, nuestras conversaciones con los otros, sean lo mas eficaces posible.

En estos atenuadores hay, entre otros, determinados tiempos y modos verbales (los que vamos a explicar aquí), hay adverbios,hay conectores o partículas de enlace entre las frases, y todos ellos están al servicio de facilitar la comunicación entre los hablantes y llevarla a buen fin.

Al final de este trabajo, haremos un breve repaso de los atenuadores que usamos en el español hablado, de manera totalmente automática, y que los ajustamos a la situación comunicativa para hacerla más eficaz.

 

 

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Sirva como ejemplo inicial una serie de formas posibles que pueden darse, supongamos, en una clase de español, cuando un alumno le pide al otro que abra la ventana porque hace mucho calor. No podemos explicar cada contexto en detalle, sería interminable. Sólo daremos un pequeño ranking que va de la frase más amable y explicativa a la frase más agresiva, pasando por una serie de frases neutras que ocuparían la parte central del ranking:

 

– Chicos, esto parece un horno, ¿no os importa si abrimos un poco, no?

 

– Uf, con este calor no hay quien trabaje…¿Qué os parece si abrimos un ratito la ventana? 

 

– Oye, me parece que hace mucho calor, ¿te importaría abrir la ventana, por favor? (O: ¿te molestaría abrir la ventana?)

 

– Oye, por favor, ¿te importaría abrir la ventana? Es que el aire acondicionado no funciona

 

– ¿Podrías abrir la ventana? Hace mucho calor

 

– ¿Puedes abrir la ventana? La has cerrado antes, pero es que hace calor

 

– Oye, abre la ventana. Ya te lo he dicho antes.

 

(Uno se dirige a otro que siempre se opone a abrir la ventana):

– Oye, ¿por qué no abres la ventana, que nos estamos asando!

 

(Con discusión previa porque uno no quiere abrir la ventana y otro, sí)

– ¿Quieres abrir la ventana de una vez?

 

 

Habría muchas más frases posibles, pero no se trata de darlas todas, sino de entender que hay elementos que suavizan, que atenúan un requerimiento, una petición, un deseo, o una sugerencia, y los hacen asumibles por parte del interlocutor. Así como que hay otras formas que lo imposibilitan.

Cuando alguien pide algo, quiere algo, sugiere algo, necesita algo, o desea algo, se lo pide a otro, y ese otro tiene que recibir la petición de la manera establecida convencionalmente en una lengua para querer cooperar con el primero, para atender su petición o su deseo, para hacer lo que le pide, y querrá hacerlo porque se siente bien tratado, se coloca en una situación comunicativa que no le compromete ni le amenaza.

 

Fijaos. Todos nos hemos encontrado alguna vez en la calle con alguien que pregunta dónde está un lugar. Hemos ordenado algunas posibilidades con preguntas que van desde la más descortés (o maleducada) hasta formas amables y correctas de preguntar. Veamos.

 

 

(Alguien se te acerca, no te saluda previamente y sin ningún atenuante usual como “perdone”, “disculpe”, “por favor”, etc. Sin mirarte a la cara y con una actitud descortés, dice:)

 

– ¿La Sagrada Familia?

O:

 

– ¿Dónde está la Sagrada Familia?

 

 

Quizás contestes:

 

– A tres calles de aquí

 

(Secamente)

 

Pero a alguien que pregunta así, puedes perfectamente no contestarle, o decirle, sin pararte y sin mirarle:

 

– ¡Ni idea!

 

 

 

Otra persona te preguntará así:

– Buenos días, ¿me puede decir dónde está la Sagrada Familia?

Y tú:

– Sí, claro. Siga andando unos 300 metros por esta calle y la encontrará.

 

O:

 

– Buenos días, disculpe, ¿me puede decir dónde está el templo de la Sagrada Familia?

Y tú:

– Por supuesto. Mire, está muy cerquita, a cinco minutos caminando.

 

 

O bien:

– Disculpe, por favor, ¿podría indicarme dónde está la Sagrada Familia?

Y tú:

– Claro que sí. Mira, está al final de esta calle, allá se ve. Es un cuarto de hora a pie.

 

O:

– Hola, señor, disculpe, me he perdido. ¿Puede decirme dónde está la Sagrada Familia?

Y tú:

– No te preocupes, yo te indico. ¿Ves aquellas torres? Pues ese es el templo. Diez minutos caminando.

– Muchas gracias

– No se merecen

 

¿Veis? Hay muchas formas corteses para introducir una petición de información, formas que preparan favorablemente al interlocutor para cooperar con nosotros. En caso contrario, ante una actitud descortés, maleducada o directamente grosera, esas ganas de cooperar, se evaporan.

 

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Algunas de esas fórmulas  que favorecen la cooperación en las interacciones comunicativas, pueden ser:

 

 – Por favor, …

( Por favor, ¿hay una parada de autobús por aquí?)

 

– Perdón, …

(Perdón, ¿pasa algún bus por aquí?

 

– Perdone, una pregunta…

(Perdone una pregunta, ¿cómo puedo ir al campo del Barça?)

 

– ¿Me permite?

(¿Me permite? ¿Podría indicarme Las Ramblas aquí, en este mapa?)

 

– ¿Me hace el favor de…?

(¿Me hace el favor de indicarme la parada de Metro más cercana?)

 

– ¿Me haría el favor de…?

(¿Me haría el favor de indicarme una parada de taxis?)

 

– ¿Tiene la amabilidad de…? 

(¿Tiene la amabilidad de indicarme un restaurante con menú del día, por aquí cerca?)

 

– ¿Tendría la amabilidad de…?

(¿Tendría la amabilidad de indicarme la parada del Bus Turístico?)

 

– ¿Sería tan amable de…? 

(¿Sería tan amable de señalarme el hotel Barcelona en el mapa?

 

– ¿No le importa que…?

(¿No le importa que cierre la ventanilla? Entra demasiado aire

 

– ¿No le importaría …?

(¿No le importaría cambiarme la cerveza? Ésta no está fría. Gracias

 

– ¿No le molestaría…?

(¿No le molestaría darme una factura? La necesito para la empresa

 

– Siento molestarle, pero ¿podría…?

(Siento molestarle, pero ¿podría cerrar su ventanilla? Mi bebé está estornudando por el aire. Gracias)

 

Veis que son fórmulas posible para introducir una frase hacia alguien de quien queremos cooperación, ayuda. También la fórmula de cortesía puede ir detrás de la frase, tanto dirigida a alguien que conocemos -tuteo- como a alguien con quien mantenemos una distancia -tratamiento de usted-, como en estos casos:

 

– …si eres tan amable

(¿Puedes indicarme dónde está La Pedrera, si eres tan amable?

 

– …si no te importa

(¿Me dejas las vinagreras, si no te importa? El camarero se ha olvidado de nosotros…)

 

– …si te parece bien  

(Oye, podemos ir al cine, si te parece bien)

 

– …si te da lo mismo

(Yo prefiero quedarme en casa y descansar…, bueno, si te da lo mismo…)

 

– …si te va bien

(Podemos quedar después de las ocho, si te va bien. Antes, hace demasiado calor)

 

 

Y no, no nos hemos olvidado de que hemos empezado nuestra charla hablando de esos tres tiempos y tres modos verbales que sirven para expresar peticiones, necesidades, requerimientos, consejos, favores, avisos, deseos o demandas, de una forma más suave y atenuada. Vamos con ello.

Pero eso va a ser en unos días, en la segunda parte de esta reflexión sobre los llamados verbos de cortesía verbal.

 

 

 

 

 

 

El Día E, día mundial del español

http://www.eldiae.es/

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El Instituto Cervantes celebra el Día E, el 23 de junio. El Día E es el día del Idioma Español. Hay actividades especiales en todas las sedes del Instituto Cervantes, 77 sedes rapartidas a lo ancho y largo del mundo para enseñar y difundir la Lengua Española.

Todos los años se hace una encuesta para conocer cuáles son las palabras españolas consideradas más bonitas, o más carismáticas, o más significativas, entre los hablantes y estudiosos de la lengua española. Las palabras elegidas este año son las siguientes:

Entereza, aurora, balbuceo, membrillo, madrugada, lumbre, alegría, animal, panhispánico, aprender y soledad.

  • * Entereza : fortaleza, firmeza de ánimo.
  • * Aurora: claridad o luz sonrosada que precede inmediatamente a la salida del sol.
  • * Balbuceo: pronunciación vacilante o entrecortada al hablar o al leer.
  • * Membrillo:fruto comestible del árbol del membrillo, usado para hacer dulces y jaleas.
  • * Madrugada: espacio de tiempo que va desde la medianoche hasta el alba.
  • * Lumbre : fuego
  • * Alegría : sentimiento grato y vivo provocado por algo placentero, que se manifiesta por signos externos.
  • * Animal : ser orgánico que siente, vive y se mueve por instintos.
  • * Panhispánico: perteneciente o relativo a todos los pueblos que hablan la lengua española
  • * Aprender : adquirir conocimientos
  • * Soledad : carencia voluntaria o involuntaria de compañía

Acompañamos esta nota con el video de Fernando Schwartz, escrito español que explica por qué ha elegido la palabra “soledad”.

El fundador de Tuenti nos explica que su palabra favorita es “aprender”.

La cantante y artista Martirio nos habla de su palabra favorita: “alegría”.

Luis Eduardo Aute, cantautor, tiene una palabra favorita: “animal”.

Al hispanista Ian Gibson le gusta mucho la palabra “entereza”.

Y vuestra palabra favorita en español, ¿cuál es? Envíanosla al Blog y compártela con todos los que estudiáis español. La mía es precisamente ésa: “compartir”.

Pan para hoy, hambre para mañana (Frases para la crisis – 5)

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Otra de las expresiones que hemos elegido como frase que puede ser empleada a menudo en tiempos de crisis, es:

– Pan para hoy, hambre para mañana

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Esta expresión indica que se puede encontrar una solución a un problema determinado, pero que esa solución es momentánea, que tendrá efectos o inmediatos o a medio plazo, pero que no será una solución definitiva, e incluso que podría empeorar las cosas a la larga.

Pan para hoy, hambre para mañana se refiere a la posibilidad de resolver una situación complicada, pero sin tener en cuenta las futuras consecuencias, sin preverlas.

Recordad, esta locución hace referencia a la solución inmediata o momentánea de un asunto, sin tener en cuenta los posibles efectos adversos que de ello pudieran derivarse en el futuro. Ante un problema, se plantea una solución de urgencia, pero no definitiva, no una solución integral que resolviera el tema hoy, dentro de un tiempo y para siempre.

Creo que lo vamos a ver con más claridad mediante unos cuantos ejemplos del uso de esta frase hecha:

– El gobierno argentino ha expropiado la petrolera española Repsol y creen que con eso solventarán todos sus problemas económicos. Pero tendrá que hacer frente a los ocho mil millones que les exige la empresa española, y sacar muchos más para explotar los nuevos yacimientos de gas. Y no tienen ese dinero. Ya te digo, pan para hoy, hambre para mañana.


O:


– Yo creo que aumentar los alumnos por clase, reducir el número de profesores, aumentar las horas lectivas y suprimir servicios educativos, puede reducir un poco el gasto en Educación, pero las consecuencias pueden ser nefastas para la formación de nuestros jóvenes. Esas medidas ya se sabe lo que son, pan para hoy, hambre para mañana.


O:


– El precio de los pisos baja poco y por eso nadie compra ahora. Hasta que no se produzca una bajada drástica de los precios de la vivienda, esto será lo de siempre, pequeñas medidas, un stock de millones de pisos y los Bancos ahogados por los embargos. Las tímidas medidas que se han tomado no son suficientes, pan para hoy, hambre para mañana.


O:


– Mónica está haciendo una dieta muy bestia a base de proteínas. Come muy poco y yo creo que esa dieta está desequilibrada. No creo que esa sea la solución para su problema de obesidad. Cuando vuelva a sus hábitos normales de comida, recuperará todo el peso. Este tipo de dietas son pan para hoy, hambre para mañana.

Una locución más, en español, que puede usarse en muchas situaciones complicadas en las que se opta por una solución momentánea, no definitiva. A largo plazo, puede incluso preverse que se vuelva a la misma situación complicada, con la posibilidad de que haya empeorado.

Hasta pronto amigos.

Qué difícil es hablar español

“Qué difícil es hablar español” es el título de la canción que Juan Andrés y Nicolás, dos jóvenes músicos colombianos, compusieron para cantársela a su prima Carolina, el día de su boda. Es una canción realmente interesante porque le canta a la diversidad del español, a palabras iguales que significan cosas diferentes según las digas en un país o en otro.

La canción tiene ritmo y mucho, mucho humor; pero sobre contiene un tesoro muy valioso para los estudiantes de español, un tesoro  que te hace viajar por países de habla hispana conociendo su personalidad lingüística, léxica sobre todo, su diferencia.

Juan Andrés y Nicolás han vivido en su país, Colombia, así como en Barcelona, Buenos Aires, o Estados Unidos. Puedes consultar sus biografías y el resto de su obra musical en su página web:

http://intentalocarito.com/about/

El video de “Qué difícil es hablar español” en Youtube (http://www.youtube.com/watch?v=Xyp7xt-ygy0) ha alcanzado, en un mes, la tremenda cifra de 3 200 000 visitas (tres millones doscientas mil !!!) y parece que el éxito es tal, que las previsiones son de lo más optimista.

Aquí tenéis el video y debajo la transcripción de la letra. Que lo disfrutéis.

Yo viaje por distinto países,
conocí las más lindas mujeres,
yo probé deliciosa comida,
yo bailé ritmos muy diferentes.

Desde México fui a Patagonia,
y en España unos años viví,
me esforcé por hablar el idioma,
pero yo nunca lo conseguí…

Que difícil es hablar el español,
porque todo lo que dices tiene otra definición.
Que difícil entender el español,
si lo aprendes, no te muevas de región!

Que difícil es hablar el español,
porque todo lo que dices tiene otra definición.
Que difícil es hablar el español,
Yo ya me doy por vencido “para mi país me voy.”

Yo estudiaba el castellano cuando hacia la secundaria,
de excursión de promoción nos fuimos para las Islas Canarias.
En el viaje comprendí que de español no sabía nada,
y decidí estudiar filología hispana en Salamanca.

Terminada la carrera yo viajé a Ciudad de México,
sentía que necesitaba enriquecer mi léxico.
Muy pronto vi que con el español tenía una tara,
y decidí estudiar otros tres años
en Guadalajara.

Cuatro meses en Bolivia,
un post grado en Costa Rica,
y unos cursos de lectura con un profesor de Cuba.
Tanto estudio y tanto esfuerzo, y al final tu ya lo ves:
ESTE IDIOMA NO SE ENTIENDE
NI AL DERECHO NI AL REVÉS!

Que difícil es hablar el español,
porque todo lo que dices tiene otra definición.
Que difícil es hablar el español,
yo ya me doy por vencido “para mi país me voy.”

En Venezuela compré con mi plata una camisa de pana,
Y mis amigos me decían ‘Ese es mi pana, ese es mi pana!’
Y en Colombia el porro es un ritmo alegre que se canta,
pero todos me miran mal cuando yo digo que me encanta.

Los chilenos dicen cuando hay algo lejos “que esta a la chucha”,
y en Colombia el mal olor de las axilas “es la chucha”,
mientras tanto en Uruguay a ese olor le dicen ‘chivo’,
y el diccionario define al chivo como a una ‘cabra con barbuchas’.

Y cambiando una vocal la palabra queda “chucho”,
y “chucho” es un perrito en Salvador y Guatemala.
Y en Honduras es tacaño, y a Jesús le dicen Chucho,
con tantas definiciones, como se usa esa puta palabra!?

Chucho es frío en Argentina,
Chucho en Chile es una cárcel,
Chucho en México si hay alguien,
con el don de ser muy hábil.

El chucho de Chucho es un chucho ladrando,
y por chucho a Chucho lo echaron al chucho,
el Chucho era frío y lo agarró un chucho
-“Que chucho”- decía,
-“extraño a mi chucho”.

Que difícil es hablar el español,
porque todo lo que dices tiene otra definición.
Que difícil entender el español,
yo ya me doy por vencido “para mi país me voy.”

Comencé por aprender los nombres de los alimentos,
pero fríjol es ‘poroto’ y ‘habichuela’ al mismo tiempo.
Y aunque estaba confundido con lo que comía en la mesa,
de algo yo estaba seguro,
un ‘strawberry‘ es una fresa.

Y que sorpresa cuando en México a mi me dijeron ‘fresa’
por tener ropa de Armani y pedir un buen vino en la mesa.

Con la misma ropa me dijeron ‘cheto’ en Argentina.
-“Cheto es fresa yo pensé”-, y pregunté en el mercado en la esquina:

-“Aquí están buenas las chetas?”-, y la cajera se enojó.
-“Andate a la re (peep) que te remil parió!”

Y -“Fresas, parce”- me dijo un colombiano mientras vió que yo mareado me sentaba en una silla.
-“Hermanito no sea bruto, y apúntese en la mano:
En Buenos Aires a la fresa le dicen frutilla”.

Ya yo me cansé de pasar por idiota
digo lo que a mí me enseñan y nadie entiende ni jota
y si “ni jota” no se entiende pues pregunte en Bogotá.
Yo me rindo, me abro,
me voy pa’ Canadá!

Un ‘pastel’ es un ‘ponqué’, y un ‘ponqué’ es una ‘torta’
y una ‘torta’ el puñetazo que me dio una española en la boca!

Ella se veía muy linda caminando por la playa
Yo quería decirle algún piropo para conquistarla.
Me acerqué y le dije lo primero que se me ocurrió,
Se volteó, me gritó, me escupió y me cacheteó!

-‘Capullo’- yo le dije, porque estaba muy bonita.
y si capullo es un insulto, quien me explica la maldita cancioncita?

(lindo capullo de alelí, si tú supieras mi dolor,
correspondieras a mi amor, y calmaras mi sufri fri fri fri)

Sufrimiento es lo que yo tengo,
y por más que yo me esfuerzo yo a ti nunca te comprendo.
Ya no sé lo que hay que hacer,
para hacerse entender,
y la plata de mis clases no quisieron devolver.

Que difícil es hablar el español,
porque todo lo que dices tiene otra definición.
Que difícil entender el español,
Yo ya me doy por vencido “para mi planeta me voy.”

En España al liquido que suelta la carne la gente le dice ‘jugo’,
Por otro lado en España al jugo de frutas la gente le dice ‘zumo’.
Me dijeron también que el sumo pontífice manda en la religión,
y yo siempre creí que un sumo era en gordo en tanga peleando en Japón.

Conocí a una andaluza, se llamaba Concepción
Su marido le decía “Concha de mi corazón”.

-“Vámonos para Argentina, le dije en una ocasión”.
-“Yo lo siento pero si me dices ‘concha’ creo que allá mejor no voy.”
-“Pero Concha que te pasa, si es un muy lindo país,
hay incluso el que compara Buenos Aires con Paris.”
-“De mi apodo allá se burlan de la forma más mugrienta
y siempre hay cada pervertido que de paso se calienta”.

Y con tantos anglicismos todo es más complicado
si traduces textualmente no tienen significado:

-“I will call you back”-,
te diría cualquier gringo,
-“Yo te llamo pa trá”-,
te dicen en Puelto Lico!

Y ‘ojos’ es ‘eyes’, ‘ice’ es ‘hielo’, ‘yellow’ el color de la yema del huevo!
‘Oso’ es ‘bear’, y ‘ver’ es ‘see’,
‘Si’ es una nota que en inglés es ‘B’…

Y aparte ‘B’ es una ‘abeja’ y también es ‘ser’,
y ‘Sir’ Michael le decía a mi profe de inglés.

Y el que cuida tu edificio es un ‘guachiman,’
y con los chicos de tu barrio sales a ‘hanguear’.
Y la glorieta es un ‘romboy’,
y te vistes con ‘overol’.

Porqué tiene que ser tan difícil saber como diablos hablar español!?!?

No es que no quiera, perdí la paciencia
la ciencia de este idioma no me entra en la consciencia!
yo creía que cargando un diccionario en mi mochila,
y anotando en un diario todas las palabras que durante el día aprendía,

y leyendo, viajando, charlando, estudiando
y haciendo amigos en cada esquina
y probando todo tipo de comida y comprando enciclopedias y antologías,

YO PENSE QUE APRENDERÍA
Y QUE CON FE LO LOGRARÍA
MIS ESFUERZOS FUERON EN VANO!!!!

Yo creía que hablaría el castellano pero YA NO (no no no no)…

Que difícil es hablar el español,
porque todo lo que dices tiene otra definición

“En Chile polla es una apuesta colectiva, en cambio en España es el pene. Alguna gente en México al pene le dice pitillo, y pitillo en España es un cigarrillo y en Venezuela un cilindro de plástico para tomar las bebidas. El mismo cilindro en Bolivia se conoce como pajita, pero pajita en algunos países significa masturbacioncita, y masturbación en México puede decirse chaqueta, que a la vez es una especie de abrigo en Colombia, país en el que a propósito una gorra con visera es una cachucha, y cachucha en Argentina es una vagina, pero allá a la Vagina también le dicen Concha, y Conchudo en Colombia es alguien descarado o alguien fresco, y un fresco en Cuba es un irrespetuoso! YA ESTOY MAMADO!”

-“Pero ‘mamado’ de qué?
Mamado de borracho?
Mamado de chupeteado?
Mamado de harto?

…This is exhausting…”

Yo ya me doy por vencido,
Para mi país me voy!!!

Lo mejor: el fingido acento norteamericano para cantar en español… 😀